En su cuarto Tour Rigoberto Urán consiguió su mejor resultado y el tercer podio consecutivo para Colombia en la carrera más importante del mundo

Por: Jimmy Montenegro

Resulta difícil de entenderlo, explicado a su manera, desprendido de cualquier forma material que se pueda imaginar. Mientras quienes lo oyen abren sus ojos sorprendidos, Rigoberto Urán les expresa a sus amigos, a sus compañeros de equipo, a los periodistas, que el ciclismo no lo es todo. Al tiempo recuerda que los triunfos son tan pasajeros como los aplausos. Lleva once años en Europa, se fue solo, recomendado por un par de ciclistas. Antes de recibir elogios y trofeos en Colombia debió adaptarse al rigor de los equipos italianos, españoles, ingleses y belgas.

En su casa de Urrao se mantiene la fotografía gigante del equipo donde corría en 2008, el Caisse d’Epargne. Para ese entonces, Colombia se alimentaba de fugaces ilusiones sin la animosidad de otros años. ‘Rigo’ refundido –como en la foto- entre nombres que marcaban una época del ciclismo, como Alejandro Valverde, Óscar Pereiro o Purito Rodríguez celebraba en silencio el subcampeonato de la Vuelta a Cataluña.

Más acostumbrado a la apatía, en 2012 se encontró por primera vez con el público que lo reconocería entre el júbilo y, lo que llama él, el palo. Acababa de ganar la primera –y hasta hoy la única- medalla de plata en el ciclismo de ruta, en el segundo día de competencia en los Juegos Olímpicos de Londres. Así como se celebraba el logro, no se escondían los gestos de amargura de muchos, que renegaban que Urán hubiera mirado atrás mientras el ganador se impulsaba por el oro.

Antes de un año volvió a aparecer. Ganó una etapa del Giro y, sin pensarlo, abrió el camino del mejor momento del ciclismo colombiano. El uniforme negro que celebró la etapa 10 de la carrera Rosa de 2013, encontraba 12 días después un lugar en el podio. De las tres grandes carreras del ciclismo sólo Italia no había visto un colombiano entre los tres mejores. Un año más tarde repitió la hazaña, pero Nairo Quintana fue el consentido de la prensa por ganar el primer Giro para Colombia.

Su fama en las redes sociales comenzó a ser inversamente proporcional a los títulos. Fueron dos años alejado de los podios en las carreras grandes. Algunos llegaron a pensar en el retiro. Los seguidores aplaudían sus locuras en la red o lo apoyaban con la compra de sus productos. En lo deportivo debió pasar por crueles episodios. A comienzos del año pasado un periodista de radio replicó el malintencionado artículo de un periódico belga que lo sindicaba de dejarse ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos a cambio de 500 mil euros; meses más tarde, la obscena acusación de no querer ayudar a Esteban Chaves en la etapa definitiva del Giro 2016, donde perdió la camiseta de líder, llenó la columna de un periódico.

A comienzo de esta temporada, no trazó objetivos tan altos. Carreras de una semana o clásicas de un día; de pronto una etapa en el Tour, la única de las grandes que correría. A la sombra de otros favoritos fue escalando desde el puesto 95 que le dejó la contrarreloj del primer día. Sin marca, sin la carga de ser líder, sin las aspiraciones tan grandes de sus rivales se instaló paso a paso en el top cinco. Cuando cayeron en la cuenta, su sonrisa era más grande y la confianza infinita.

Tan lejos y tan cerca estuvo para Colombia la carrera más importante del mundo. 27 segundos fue la diferencia más pequeña, siempre con la zozobra permanente de no contar con la distancia suficiente para enfrentar a Froome en la contrarreloj del penúltimo día.

Sin restos, pero feliz, los seguidores del ciclismo aguardaban una de sus ocurrencias, mientras celebraba día a día podio del más carismático del pelotón internacional.

Desprendido de vanidades y orgullos, al día siguiente en una entrevista radial afirmó que debía salir a entrenar porque el deporte así lo exige. “El ciclismo solo es una parte”, dice ‘Rigo’. Una burbuja, que, según él, se está muy poco tiempo y hay que aprovecharlo; por eso no se puede ir en grandes celebraciones.

En su madurez Rigoberto Urán acepta los elogios con la misma gracia y cordura que las críticas y la indiferencia. Para entrar a la historia se debe ser víctima de la moda y de las emociones pasajeras. Algún día se deja de pedalear, por eso el “ciclismo no es la vida güevones” insiste Urán “mientras tenga familia no me importa llegar de quinientos, no importa el palo que me den”

Fuente: DeportesRCN.com