Hace tres años, luego de terminar segundo del Giro de Italia, y siguiendo los consejos de su novia, el ciclista antioqueño creó su propio negocio de ropa y accesorios deportivos.

La astucia de Rigoberto Urán no sólo está presente cuando monta bicicleta. Lejos de las carreras, de los entrenamientos y de las concentraciones, el antioqueño también es perspicaz, y mucho. Hace tres años, aprovechando el éxito que tuvo en el Giro de Italia, sacándole beneficio a ser el primer colombiano en ponerse la Maglia Rosa, decidió secundar la idea de su novia, Michelle Durán, y creó junto con ella una marca de ropa urbana para que cada colombiano tuviera prendas pensadas en él, con los colores de él, todo de él. El dinero, en principio, fue algo secundario. La experiencia motivó a seguir, a “echar pa lante, porque cuando el ciclismo me deje hay que tener algo que hacer”.

En menos de unos meses la audiencia se magnetizó por completo. Las calaveras (ver imagen) fueron la sensación no sólo en Antioquia, sino en todo el país. La originalidad con base en lo cotidiano cautivó. Y el negocio se agigantó de tal manera que fue necesario pedir ayuda, asesoría y direccionamiento. Había que minimizar el riesgo y las sorpresas en un mundo diferente al del ciclismo, en un entorno de números, de balances, de campañas publicitarias, de ingresos y egresos, palabras poco habituales y diferentes para Urán.

“Trabajaba como especialista de riesgos financieros en Suramericana cuando Rigo y Michel me buscaron para que les ayudara con el proyecto. Lo pensé unos días y les dije que sí”, apunta Juan David Aristizábal, el hombre que hoy en día es el timonel de Go Rigo Go, una de las marcas de ciclismo más famosas de Colombia. Rechazar la oferta fue complicado, mucho más viniendo de Rigoberto, con quien en ese entonces ya había creado un lazo familiar (es novio de la cuñada de Rigo), una conexión espontánea que trascendió al mundo de los negocios.

“Les dije que me dieran tiempo de dejar mi otro empleo y así poderme dedicar de lleno”, cuenta Juan David. Curiosamente, cuando estaban en la búsqueda de la persona indicada para ser la cabeza del negocio, él mismo ayudó a Michelle y a Rigo a crear un perfil, con las respectivas cualidades. “Lo fui haciendo sin saber que yo encajaba muy bien”. Una llamada y siete palabras de Rigo bastaron. “Papá, quiero que trabaje con nosotros”.

Era muy claro el crecimiento desmesurado y que Urán no podía descuidar sus entrenamientos ni su profesión para dedicarse de lleno al negocio. Y que por más que quisiera, Michelle tampoco podía multiplicar las horas en el reloj, mucho menos los días en el calendario. “Mi misión, cuando llegué, fue posicionar aún más la marca y ampliar los canales de distribución. Que Rigo llegue a todo Colombia y a otros países como España, Italia y Estados Unidos. Encargarme de las cosas tediosas”, dice Aristizábal.

El amor de Urán hacia su marca lo llevó a incursionar en facetas antes inexploradas como el modelaje, algo que lo asustó en principio, pero para lo que demostró gran talento. Que la foto, que la pose, que sonría, que ahora de perfil. Todo fue saliendo sin mayor esfuerzo y con la sencillez de alguien que ha estado frente al lente de la cámara durante toda su vida. Esta vez no fue la foto del dolor, sacando dientes y parado en los pedales, fue la foto de la naturalidad.

“Está muy pendiente de los nuevos diseños, de los productos, de las tiendas. Hablamos todos los días. Primero le pregunto por el ciclismo y después entramos de lleno en el tema”, cuenta Juan David. Es tanto el compromiso con la gente y tal su intención de seguir siendo él mismo, un hombre del pueblo, que si alguien ordena algo por la página web puede llevarse la sorpresa de recibir su compra de manos del mismo Urán. “Un día cualquiera me dice que va a hacer tres entregas. Entonces miramos todos los pedidos y seleccionamos al azar algunos para que él lleve la mercancía. Es tal la sorpresa, que cuando lo ven llegar no saben cómo actuar. Le ofrecen jugo, lo abrazan; es algo muy lindo”.

Tanto ha sido el éxito del producto, que en Medellín ya hay cinco puntos de distribución al igual que en Bogotá. La Rigomanía también se tomó Pereira, Ibagué, Bucaramanga, Cali, Palmira, Buga y próximamente intentará colarse en un mercado siempre complicado para los productos del interior: la Costa Caribe. Se esparcen las sonrisas y las locuras de Urán, se esparcen sus camisetas, sus caramañolas, sus uniformes, sus gorras, las medias, las pañoletas, los sacos y otras cuantas cosas.

El punto de partida fue una calavera. “Mijos, todos somos iguales. Lo único que nos diferencia es la piel que nos cubre. Por eso lo importante es tu ser”, dijo Urán cuando le preguntaron por qué había iniciado su marca con esta figura icónica y cuál era el propósito. “Ya tenemos más cosas, pero ese sigue siendo el eje: que todos somos iguales. Obviamente desde que empezamos con las prendas deportivas ves los uniformes de Rigo por toda Antioquia. Es una cosa de locos”.

“Rigo no es buen negociante”

La frase la suelta Juan David, de manera sorna. Cuesta creerle, pues se sabe que desde niño Urán hizo del verbo rebuscar algo implícito en su existencia, que el ser paisa da a entender de por sí que se es buen negociante. Luego viene la explicación: “No es que sea malo en los negocios, es que es muy buena gente y eso es perjudicial. Por eso siempre nos pide a Michelle y a mí que vayamos a las reuniones para poder tomar una mejor decisión. Con ser buena persona y gran deportista le basta. Para el resto estamos las personas que lo rodeamos”.

Redacción Deportes – @DeportesEE